viernes, 19 de septiembre de 2014

Dejame verte una vez más

¿Qué tal? ¿cómo has estado? hace ya mucho tiempo desde que nos vimos la última vez, recuerdo que te encontré por casualidad mientras caminaba por las calles de Palermo. Tu ibas saliendo del parque que está a un costado, tomarías el transporte para regresar a casa. Vi tu silueta, de inmediato te reconocí, grité tu nombre, enseguida todo aturdido volteaste dando toda una vuelta para saber de dónde provenía ese grito desesperado. Fue entonces cuando me acerqué a ti; tu sonrisa la recuerdo todos los días, era algo así como con ironía y cierto aire de egocentrismo, combinado con alegría. El encuentro fue breve, nos miramos en silencio, después de ello, cada uno continuo su andar. Desde ese entonces no te he vuelto a ver.

Quedate

Ella no sabía que él existía, ella siempre tan distraída caminaba muy a prisa, a veces cabizbaja. Un día al tomar el autobús escolar, se encontró con un hermoso paisaje que se miraba por la ventana del autobús, el lugar que escogió para sentarse no permitió que pudiera apreciar toda esa belleza. Se levantaba una y otra vez de su lugar; miró con ojos de perplejidad los lugares contiguos, pues había un chico y una chica que hablaban, hablaban y no apreciaban el espectáculo que la naturaleza compartía. Ella hizo un gesto de resignación; pensó en decirles que cambiaran de asientos, no había la confianza. Ella tomaba fotos, nada salía bien, bueno no como ella lo quería. Había olvidado a ese chico que hablaba con aquella chica, sólo pensaba que el tiempo debía detenerse para que entonces ella pudiera mirar por más tiempo aquel hermoso cuadro natural, pensaba en que si estuviera sobre el autobús, todo se miraría mejor y sin interrupciones, además así el aire jugaría con sus cabellos y acariciaría su cuerpo. Imaginaba cómo debía oler allá afuera, quizá a pinos, a cedro, tal vez debía ser una mezcla de aromas con todas esas plantas y esa tierra. Aquel chico volteo, se encontraron sus miradas por algunos segundos, ella miró a través de él, había una armonía inexplicable, dio un suspiro y continuó con sus fotografías. Una vez más sus miradas coincidieron, ella sentía que necesitaba de el, necesitaba de sus ojos para poder ver el universo.
¿Él pensará en mi? ¿me dejará mirarlo a los ojos nuevamente para poder conocerle? se pregunta ella. Ella despertó; un pajarillo de colores alegres tocaba su ventana repetidas veces, mientras hacia pausas para cantar, ellos se miraron largo rato; entonces descubrió que aquel chico siempre estaría con ella.

martes, 16 de septiembre de 2014

Espero arrancarte una sonrisa.

Hola, me quedé pensando en lo que te dije, he de ser sincera.
No creo estar  enamorada, sólo fue un decir. El chico de quién te hablé, es mi amigo y así lo será por mucho tiempo, lo cual alegra a mi corazón, es que ya hacía un tiempo no había conocido a alguien así, sólo he conocido a muy pocos chicos tan lindos, tan buenos(no es que los demás sean malos, sino que estos pocos chicos son especiales, y hay un tercero, pero a éste no lo veo físicamente desde hace varios años y sólo tuve oportunidad de conocerlo por una semana) del primero de éstos sí me enamoré, te lo describiré rápidamente; es un chico que siempre se preocupa por los demás, es una persona agradable, y es impuntual, muy impuntual uno de sus grandes defectos que ahora me hacen practicar la paciencia; a menudo me escribía en el chat, otras veces al celular, tomábamos una clase juntos, se sentaba junto a mi, cuando terminaba la clase, siempre siempre caminaba junto a mi, y me preguntaba muchas cosas, ya no recuerdo muchas de ellas, pero siempre me hacia hablar; cuando un día llegué junto con él al comedor de la facultad, tomó la silla, me la acercó, sonrió y se sentó a mi izquierda, ahí estaban nuestros amigos(tenemos amigos en común y muchos), todos ellos me miraron de manera obvia, que sólo me puse toda roja; él mientras tanto me miraba muy atentamente, fue entonces cuando sentí que estaba enamorada; en otra ocasión se acercaban las vacaciones de diciembre, hicimos algo así como una cena, a mi se me ocurrió invitar a un amigo a quién quiero mucho, y como era a la única que conocía mi amigo, el estaba todo el tiempo conmigo, jugaba con mis manos, me abrazaba, ese amigo mio es muy muy alto y muy tímido con muchos, jugaba mi cabello, me hacia bromas y me llama enana y yo le llamo gigante y sonreímos siempre, aveces caminábamos mientras estábamos abrazados, entonces cuando llegó el chico amable, miró la escena y no me habló en toda la noche, eso fue algo muy raro, pues el siempre me buscaba. Pasaba así el semestre, me invitó a comer, fuimos al cine con todos nuestros amigos, yo ese día me sentí celosa, no sabía manejar mis emociones para nada, él había invitado a una de sus mejores amigas que conocía de años y a mi sólo me conocía de un semestre, me había acostumbrado a tener toda la atención. Yo me senté a lado de mis amigos, una pareja  a la cual quiero mucho, son unas personas increíbles; pasaban así los días, hasta que llegó un momento en el que no podía más con lo que sentía, me decidí(gracias a todos mis amigos y amigas) a decirle lo que me sucedía, lo que pensaba. Recuerdo que me había dicho que se iba por un semestre a hacer su servicio social, entonces pensé, ¡esta es la oportunidad! pues si me dice que no siente nada por mi, tendré todo un semestre para superarlo. Me aventuré, le dije, no fue nada romántico, sólo entre los pasillos y la explanada del Prometeo, se lo dije; él no contestó, no decía palabra alguna, estaba muy tranquilo, yo estaba muy desesperada, quería saber un, pues no siento nada especial, o un yo también estoy enamorado de ti. Nada me contestó durante tal vez minutos que se hicieron una eternidad. En eso mi amiga llegaba, estaba a varios metros de distancia, mi amiga gritó mi nombre y dijo: ¡No mames Dalid, estoy bien pinche cruda, debo contarte, pero antes debes acompañarme por algo de comer, ya no soporto mi cabeza! el chico amable, en cuanto vio que mi amiga se acercaba, corrió, yo no sabía si llorar o qué hacer. Acompañe a mi amiga, le di un gran abrazo, fuimos por comida, le conté lo que había pasado, y nos soltamos a reír de tristeza, ella me contó lo que le había sucedido, el día anterior su chico la engañó con otra chava y terminaron, mi amiga bebió toda la noche. Me despedí de mi amiga, dijo que debía descansar.  Pensé que ya no vería en ese día al chico amable, pero para mi sorpresa, ahí estaba como esperándome en la explanada del Prometeo, -me pregunto- ¿te vas ya a tu casa? le dije que sí, -me dijo- entonces te acompaño, yo también ya me voy. Caminamos al metro, estuvimos callados, después dijo que me acompañaría a casa; ya cuando faltaban como cinco minutos para que bajáramos del metro, le exigí que me dijera algo, que ¿qué opinaba de lo que le había dicho?  -entonces me dijo- ahora no busco tener una relación, te estimo pero nada mas, además he tenido una novia hace ya un tiempo, terminamos, pero yo aun la quiero.
Lo odie, me odie. Le dije gracias. Me fui a casa. No volvimos a hablar hasta este semestre. Ya estoy más tranquila, aquello me llevo mucho tiempo de superar, no entendía lo que pasaba, pensé que me daba alas, mis amigos(as) pensaban que él era quien estaba enamorado de mi. Eso pasó hace dos años. Cuando lo encuentro y lo miro a los ojos, me da mucho gusto de que así pasaran las cosas. Ya somos amigos nuevamente. Me enseñó muchas cosas y cada día aprendo más de él.

lunes, 15 de septiembre de 2014

Fragmentos

¿Quién eres tú, que te atreves a perturbar mis adentros y finges de la más dulce manera interés en descubrirme?
¿Quién eres tú, que con esa sonrisa intenta sonrojarme mientras me oculto entre letras?
¡Dejádme sola, dejádme ya!... 21/08/11 22:40

Aún cuando tanta oscuridad pareciera cubrir tu rostro, te encuentro de pie con una sonrisa puesta sobre el llanto de la perturbación.
Deseando caminar a tu lado interrumpe mis memorias y comienzo a pensar que no eres real. 21/08/11 22:36

SIN TITULO6
Va cayendo la noche, las aves verdes y los negros asesinos se envuelven en las hojas de sus lechos, desnudo a quedado el cielo gris, las calles se tornan solitarias y los espasmos del viento que sopla inundan la timidez de aquel callejón
A oscuras me he quedado entre el apagón y el verano que incompleto me mira inocente. Conforme la noche cae, el silencio inunda los suspiros de mi ventana y de inmediato entra una suave brisa que abraza y se deja caer lentamente entre mis desventuras. 08/08/11 21:15

ATARDECER
Desde las entrañas de la afable habitación cantan y lloran las aves sobre los monstruos vivos que se mecen allá afuera, riñas incalculables, comunicación inmersa en los cielos.
El susurro de las aves verdes me despierta una intención de salir al revoloteo y agregarme a su interminable viaje.
A donde te llevan aquellas calles que decoradas con el barro marrón atrapan tus pies descalzos y te imploran que juegues con ellas. Charcos y charcos de aguas turbias alistados esperan por ti.
El cielo pintado de gris oscuro inerte te invita a ser parte de él. 08/08/11 21:09

lunes, 8 de septiembre de 2014

Rompecabezas

Por momentos la nostalgia invade mi mente. 
Me pierdo con facilidad pensando en ti. Mientras tanto, ahí estás tú, tan preocupado por los demás, tan distraído por tu persona.

En un arranque de histeria grito tu nombre, te llamo una y otra vez, te escribo, te hablo, te pienso. 

Te pienso, te imagino, invades cada uno de mis sentidos, de pronto soy tan débil ante ti, estoy a tu disposición.

Me haces daño sin darte cuenta, ¿acaso me odias? tal vez simplemente debería desistir.

Es acaso que no existo, ¿soy entonces una especie de fantasma?

No quiero volver a verte, no quiero encontrarme contigo, se que sucederá una vez más, me miraras a los ojos, y yo me volveré hacia ti, tu esclava.

jueves, 16 de enero de 2014

EL PLATO DE ESPINACAS


Los que no vivieron a comienzos de los 50 en la hermosa ciudad de Angers, que extiende sus atractivos desde el Maine hasta el Loira, desde el castillo del rey René hasta los suburbios del Tresalé; los que no tuvieron la suerte insigne de vivir en esa época en el capital de Anjou, esos nunca sabrán qué es el encanto antiguo, el resplandor añejo y lo maravilloso de los bailes del cuerpo de ingenieros del cuartel Eblé.
    En febrero de 1950 conocí allí a Brigitte Sapin-Landon. Dieciséis años, hija de un oficial. Su padre era comandante, un simple comandante pero era de casta. Tras estancarse dieciséis años en el grado de capitán, entraba al final de su carrera en el círculo elitista. Un buen hombre, por lo demás, con el pelo gris al cepillo, ojos tristes y una esposa empenachada. Aquella noche ocupaba con su mujer y su hija el extremo del extremo de la mesa del general. Corría el champán y, entre tules y volantes, hombros desnudos, mares de organdí, y también entre galones delgado y kepís negligentemente dejados, percibí, surgiendo de una corola blanca, a una muchacha. Yo casi ironizaba al respecto cuando, de aquel mar de tela fruncida surgió un rostro nítido y malicioso, casi cuadrado, una muchacha de ojos azules de agua marina que me miraba desafiante. Yo era un chico de veinte años pobre y flaco, e insolente, vigilante estudiantil en el instituto David de Angers. Invité a bailar a la hija del comandante. Éste, sorprendido, me detuvo con un gesto. Examinó mi traje gastado, mi cuello casi blanco, y en la duda, no se atrevió a rechazarme. Brigitte se levantó, y yo la tomé en mis brazos.
     La orquesta tocaba un pasodoble. Ella bailaba mal, con grandes zancadas. No sonreía, no hablaba. Yo me liaba con su vestido largo, y echaba pestes. De repente, ella me miró directamente a los ojos, algo que en aquella época las chicas no hacían muy a menudo. Nos miramos fijamente un instante, y sentimos el gatillazo de la conmoción. Después del paso doble, ya éramos cómplices. La samba nos embriagó, y al final del tango, yo estaba enamorado. En la mesa del general, la señora comandante se alarmaba y llamaba por gestos a su hija con grandes aspavientos. Se estaba comprometiendo, bailando demasiado...

Un momento

La fuente de los deseos está saturada, imaginé que tendría una oportunidad. Claro, no estaba pensando correctamente, pero ¿cuándo lo he hecho? Llegué a creer que éste sería el momento de mi vida y la equivocación en seguida reclama lo que le corresponde.